sábado, 9 de marzo de 2024

"La hermosa sinfonía de nuestras vidas"

       

    
      "No puedo más, si la vida es esto, mejor apaga y vámonos". Cuando esta frase resonó varias veces en mi cabeza decidí buscar ayuda y acudir a una psicóloga para que me ayudara a gestionar todo lo que estaba viviendo.
        Hace algunos años me divorcié. Todo se produjo a raíz de muchos años de desgaste y, después de intentarlo de varias formas, me di cuenta que la única vía que tenía, por muchas razones, era el divorcio. 
        Para mi fue un proceso duro porque me habían enseñado desde que era niña que el matrimonio era para toda la vida. Cuando te casabas hacías unos votos ante Dios que debías de cumplir. Las promesas ante Dios había que cumplirlas si no Dios te castigaría. 
        Por eso cuando me divorcié viví una crisis de fe. No sabía ya en que creer, porque si esto no era para toda la vida, entonces lo demás en lo que había creído ¿qué era? Ya no sabía si Dios era real o no, pero tampoco tenía tiempo para pensarlo, tenía tres hijos que mantener y de los que ocuparme y tres trabajos para mantenerlos. 
        Fueron unos años difíciles, por un lado me sentía sola y agotada. Trataba de llenar esa soledad de diferentes formas: haciendo cosas nuevas, saliendo con hombres, trabajando más... cosas que me permitían desconectar, momentáneamente, de esas emociones y de las responsabilidades  pero que nunca terminaban de llenar el vacío. 
        Finalmente, llegó un momento en el que me sentía sola, en el que no me quería nada a mi misma y en el que sentía que mi vida era todo responsabilidades y deberes. Sentía que no podía más.  Me sentía sola y agotada física y emocionalmente y decidí  buscar ayuda. Acudí a una psicóloga para que me ayudara a gestionar todo lo que estaba viviendo, ya que sabía que tenía tres hijos que dependían de que yo estuviera bien. 
        Ella me ayudó a ser consciente de muchas cosas de las que no era consciente y a aprender a establecer límites en la vida. Pero, durante este proceso, sucedió algo que fue un punto de inflexión en mi vida: mi madre murió. 
        Fue duro porque ella toda mi vida estuvo a mi lado. Hablaba con ella cada día y siempre estuvo ahí dándome palabras de aliento. Recuerdo que los meses antes de su muerte ella me decía que "estaba lista para cuando Dios la llamara, que ya había cumplido con su tarea y que éste, era tiempo extra". Incluso esas últimas veces que hablé con ella me decía que "me quería mucho y que estaba orgullosa de mí", algo que no era propio de ella y que siempre necesité escuchar. Por lo que cuando ella partió se fue en paz y yo sentí que estaba en paz con ella.
        A raíz de su muerte decidí tratar de estar más presente en la vida de uno de mis hermanos porque sabía que la muerte de mamá sería especialmente dura para él. A él siempre lo he admirado y siempre me ha parecido un gran hombre... inteligente, guapo, honesto, siempre con la palabra acertada y con un gran corazón, pero, al mismo tiempo, con un corazón sensible ante estas cosas. Así que pensé en tratar de serle de ayuda, estar ahí para él. Pero, lo más curioso es que fue él quien resultó ser de bendición para mí.
        Empecé a ir a verlo a él y a su familia y, a raíz de eso, establecí una relación especial con mi pequeña sobrina Sofi. Sabía que ella oraba por mi y que le gustaba cantar canciones a Dios, por lo que yo comencé a cantar  mientras trabajaba, las canciones que cantaba mi madre y que yo cantaba de joven con mi hermana. Me ponía el canal de youtube de mi hermana y cantaba nuevamente con ella. 
        Haciendo esto recordé que cuando era joven y me sentía sola o triste, yo cantaba y hablaba con Dios y decidí volver a hacerlo nuevamente. Una de las canciones que cantaba muchos esos días, era: "La victoria está en Jesús". Una canción que, muchas veces, había oído cantar a mamá y, algunas de éstas veces, con lágrimas en los ojos, sin saber en aquel entonces lo que ella podía estar viviendo.
        Durante el verano pasó algo singular, una amiga de el seminario en el que estudié, que vivía en El Salvador se puso en contacto conmigo porque una chica de su iglesia vendría a estudiar a Coruña y por si podría ponerla en contacto con alguna iglesia, a lo que respondí afirmativamente. Quedé un domingo con esta chica y fuímos a una iglesia en A Coruña. 
        Hacía años que no iba a la iglesia, debido a mi trabajo y a las circunstancias que había vivido. Mientras se desarrollaba el servicio yo pensaba en mi vida y en todo lo que había vivido y recordaba momentos de mi juventud. Miraba la iglesia, el local, y pensaba en cómo habían cambiado mucha cosas estos últimos años.
        Durante momento del servicio de participación libre, las personas de la iglesia se levantaban y compartían una pasaje que les había sido de bendición, oraban o pedían un coro.  Muchos de los coros que se cantaban yo no los conocía porque eran canciones nuevas que se habían incorporado en los últimos años. 
        En ese tiempo de participación libre, hubo un momento que pensé: cómo me gustaría cantar la canción que cantaba mamá "La victoria está en Jesús" y algo extraño sucedió. En ese momento alguien se levantó y pidió ese coro. Me pareció extraño porque es una canción con más de 20 años de antigüedad y pensé que, tal vez, ya no se cantara. 
        Para cualquier otra persona, esto podría ser casualidad,  podría significar algo sin importancia, pero, para mi, fue una señal de Dios diciéndome "Estoy aquí aunque no lo creas, he estado aquí durante todo este tiempo y te he estado acompañando aunque no lo vieras. Sigo aquí, esperándote". A raíz de este momento, comencé a buscar nuevamente a Dios y restaurar mi relación con él.
        Cuando comencé a ver a mi psicóloga recuerdo que una de mis principales  emociones era la soledad y uno de mis principales temores era el estar sola. Pero no lo estaba, nunca lo estuve. En las últimas sesiones con ella le comentaba que ya no me sentía sola, que ya no sentía ese vacío que trataba de llenar y que no me preocupaba el futuro sola porque me había dado cuenta de que no estaba sola: Dios está conmigo. Sin darme cuenta ese vacío que busqué llenar con tantas cosas y que nunca había logrado llenar ya no estaba. 
        Cuando lo pienso, creo que Dios es muy singular cuando obra sus planes. A veces, desconocemos porque Dios permite ciertas cosas, sobretodo, las cosas malas. Pero Dios está obrando, en su providencia. Él lo ve todo y va guiando las cosas para nuestro bien aunque, a menudo, nos parezca injusto y no lo podamos ver. 
        Él está ahí, tal y como, en su soberana providencia, obró todo en la vida de la reina Esther y Mardoqueo en una proceso que duró años. Tal y como obró en mi vida, y sigue obrando, Dios está ahí como un director de orquesta dirigiendo todo para que suene la más hermosa sinfonía de nuestras vidas.  

    Os comparto  la letra de una canción de Rode que espero poder compartiros la canción cantada en breve.
Aquí estoy un día más con la lluvia, en soledad
Otro día gris que me volvió a hacer pensar
Si existe Dios yo no lo se, pero no puedo comprender
Que este dormido en un rincón sin escuchar mi voz
Mi vida rota es la evidencia que demuestra la indiferencia
Y mientras lloro en un rincón, ¿dónde estas Tu?
¿Dónde estas Tu?     (¿Dónde estas Tú?)
¿Si estas ahí?     Si estas ahí contéstame, arriésgate y sal
¿Dónde estas Tu?     (¿Dónde estas Tu?)
¿Si estas ahí?    Si estas ahí demuéstralo; si Tú eres Dios, atrévete.
Llueve más fuerte en la calle y me contestas en el aire
¿De donde sale todo lo que puedes ver?
¿Crees acaso que de la nada por si mismo puede salir algo?
Demuéstralo y haz una vida con tus manos
¿Quién da la lluvia que te acompaña y que alimenta todas las plantas?
¿Quién ve tus lagrimas y se lamenta porque no dejas que haga nada?
¿Quién es el que te da la libertad para que tu vida dirijas
Aunque a veces mal decidas y eso te cause mucho dolor          
Mucho dolor (mucho dolor) que siento yo (que siento yo)
Al verte herida y sin salida en ninguna parte  
Mas tu no crees (mas tu no crees) que estoy obrando (que estoy obrando)
Aunque no lo ves y cuido tu herida amándote
Amándote (amándote) y esperando que (esperando que)
Confíes en que quiero lo mejor para tu vida
Queriéndote (queriéndote) y rogándote (rogándote)
Que confíes en mí y por fin creas que te amo 
Amándote (amándote) queriéndote (queriéndote)
Llamándote (llamándote) esperándote (esperándote)

Amándote


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