domingo, 20 de octubre de 2024

Personajes secundarios

     Últimamente pensaba sobre nosotros mismos y como, a menudo, nos gustaría destacar en algo, ser el personaje principal de algo y en las pocas veces que llegamos a serlo como queremos pero lo somos sin darnos cuenta. Me explico...

    Cuando era adolescente me sentía la persona más insigiifcante del mundo. Tenía una hermana melliza que yo consideraba que era mucho mejor que yo en todo y nunca me consideré buena en nada. Por lo que pensaba que no tenía mucho sentido que yo estuviera en este mundo, que sobraba aquí y en muchas ocasiones deseé morir.

    Pero, en los últimos años, me he dado cuenta de cuan innumerables veces vemos como Dios usa pequeñas cosas para hacer cosas increíbles y muestra de ello lo encontramos en la Biblia. 

    Por ejemplo: la sierva de Naaman (2 Reyes 5: 2- 4), Rahab (Josué 2), la viuda de Sarepta (1 Reyes 17: 8- 24), el niño que llevó los panes y los peces a Jesús (Juan 6: 1- 15), los colaboradores de Pablo ( Sópater. Segundo, Gayo, Trófimo, Onésimo, Lidia, Febe, Trifema, Trifosa, Acaico, Arquipo, etc...)... Son ejemplos, de personas que hicieron pequeñas cosas pero que fueron fundamentales en el plan de Dios.

    Creo que, a menudo, nos entristece pensar que no tenemos grandes dones o cualidades y nos gustaría tener una gran voz, una gran capacidad de oratoria, una gran personalidad, pero, a menudo, Dios usa a personas que no tienen esas "grandes cosas" pero si están dispuestas, para cumplir sus planes.

    He de confesar que yo, en muchas ocasiones, he pensado así. Siempre me he considerado una persona mediocre: ni guapa, ni fea, la típica española, ojos marrones, pelo marrón, etc... no muy lista, algo tímida, con una voz normal, que no desafina, pero no una voz que destaque,... y  me entristecía pensar que no era buena en nada. 

    Con los años he llegado a comprender que Dios nos hizo a cada uno con unas características determinadas para el propósito que tenía para nosotros. Nos hizo perfectos para sus planes.

    Cuando me pongo a recordar personas que han influído en mi vida de forma positiva, no recuerdo personas que fueran grandes predicadores, o grandes cantantes, o grandes pastores si no que vienen a mi mente personas que podrían parecer insignificantes pero que sus pequeñas intervenciones en mi vida la cambiaron: aquel joven que sufrió una enfermedad pero que vivía su cristianismo de forma real, una madre que siempre estuvo tras el escenario pero que inculcó en cada uno de nosotros una creencia y una vivencia real en Dios, aquel hermano que me invitó a un viaje, aquella amiga que me animó a unirme a un coro, aquellos dos amigos incondicionales que siempre están para cualquier cosa que necesite a pesar de sus migrañas y de todo lo que tienen encima, aquella familia que siempre está para lo que necesite y que si necesito cualquier cosa que se lo diga a Nano, aquella hermana de la iglesia que siempre ora por mi y me envía versículos cada día, esos hermanos que estén para si necesito una receta, arreglar un aparato o consejo bíblico, esos amigos que oran por mi... pequeñas cosas pero tan, tan grandes e importantes para mi y , sin duda, para Dios.

    A veces, nos pesa que pos nuestras circunstancias no podemos hacer otras cosas porque nuestros niños son pequeños, porque nuestra salud no nos lo permite,... cosas que nos gustaría hacer como acoger a un niño, hacer un viaje misionero o humanitario, etc... he aprendido que, a veces, hay cosas que nos gustaría hacer pero no podemos pero Dios tiene otras personas que si pueden hacerlo por sus circunstancias. Esas personas probablemente querrían hacer cosas que nosotros si podemos hacer, por nuestras circunstancias, pero  Dios nos  usa a todos en menor o mayor medida.

    En mi iglesia hay una familia de acogida y me parece algo maravilloso que puedan acoger niños y darles ese amor y estabilidad que necessitan. Es algo que  me gustaría hacer pero no puedo hacer por mis circunstancias. Pero debido a mis circunstancias, porque mis hijos ya son más mayores, si puedo hacer otras que ellos no pueden, que son las que trato de hacer. 

    La sierva de Naaman no podía hacer mucho, por sus circunstancias, era una sierva, pero hizo lo que estaba en sus manos para hacer. 

    Hace unos días mi hermana nos hizo llegar una fotos de un libro en el que mi madre recogía fotos y recuerdos de su vida. Algunas de esas fotos eran fotos de notas que adjuntaban ofrendas para sostener su ministerio. Probablemente estas personas aportaron con lo poco que podían para el ministerio de mis padres y, nadie sabe lo que hicieron, solo Dios,  pero fueron parte fundamental para que mis padres pudieran servir al Señor, para que pudieran mantener a sus hijos y darles una educación, pagar el hospital de alguno de ellos, etc... fueron personas anónimas pero fundamentales en el plan de Dios.

   Grandes evangelistas y predicadores llegaron a conocer al Señor y a crecer en él por personas anónimas que sólo tenían en su corazón una gran disposición para servir y una gran pasión por Dios.

    Tal vez no podamos hacer canciones y cantarlas con una voz espectacular. Tal vez no podamos ser grandes predicadores o evangelistas. Pero Dios usa muchas personas anónimas y personajes secundarios para cambiar vidas. No nos sintamos mal por no poder hacer "grandes cosas" sino que sintamonos felices por las "pequeñas cosas" que podemos hacer para Dios. A menudo Dios nos busca grandes personas si no personas dispuestas.

    Seamos esas personas dispuestas que digamos: Dios aquí estoy para lo que necesites, muestrame que puedo hacer hoy para ser de bendición a otros.

sábado, 4 de mayo de 2024

Abrázame Señor

    




    Hace unos días, estudiábamos en la iglesia el capitulo 20 de Hechos. Mientras lo estudiaba reflexionaba en la vida del apóstol Pablo y todas las cosas que había tenido quue vivir por amor a Dios. Pensaba en los inicios de su vida y la cantidad de las cosas en las que podía jactarse siendo joven : "Fariseo, discípulo de Gamaliel, ciudadano romano..." Tenía todo para convertirse en alguien "importante". Pero desechó todo eso cuando decidió seguir a Jesús. A partir de ahí su vida fueron continuos viajes extendiendo el evangelio, durante los cuales, sufrió encarcelamiento, intentos de asesinatos. apaleamientos, etc... para finalmente, pasar sus últimos años de vida encarcelado. Miro su vida y admiro su sumisión a Dios, su sumisión a su voluntad y su aceptación a todas las circunstancias de su vida con una actitud de gratitud y gozo.

    Pensando en mi vida, recuerdo momentos de mi vida en los que no entendí a Dios, no entendía porque permitía ciertas cosas en mi vida, pensaba arrogantemente, que no lo merecía. Pero cuando leo la Biblia y aprendo más de Dios, comprendo todo lo que me ha dado y lo lejos que estoy de merecer nada de lo que he recibido.

    Mientras reflexionaba esta semana en todo esto y pensaba en escribir sobre ello, pasaron algunas  cosas que me descolocaron. Por una lado tuve una entrevista de trabajo, para un trabajo mejor que en el que estoy actualmente y que me permitiría tener más vida familiar y poder ir más a la iglesia del cual no he obtenido respuesta y que, cada día que pasa, me lleva a pensar que no lo he conseguido. Y, por otro lado, sucedieron dos muertes repentinas de personas cercanas. Todo ello me llevó a un estado de sentirme descolocada y pensar qué está sucediendo. 

    Ayer y hoy meditaba en esto y en tantas situaciones que "humanamente" nos parecen "injustas". Pensamientos como "¿Por qué Dios se lleva a gente buena o no a otros que sólo causan problemas?¿por qué Dios evita un accidente, a veces, y, otras veces, no? ¿para qué orar si Dios va a hacer lo que quiera?"

    Reflexionaba en ello y me puse a leer "Cuando lo que Dios hace no tiene sentido". Al mismo tiempo reflexionaba en la vida de Pablo. Y sigo sin respuesta para algunas preguntas pero he aprendido algunas cosas. 

    Una, es que Dios es soberano y, en su providencia Él sabe por qu y para qué suceden ciertas cosas. Nosotros no lo podemos ver y, probablemente, hasta que nos reunamos con Él no tendremos respuesta a muchas de las incógnitas en nuestra vida.

    Segundo, es que debo aprender a someterme a su voluntad y confiar en Él. Y sé que este punto es muy complicado, ya que es difícil aceptar ciertas cosas y es difícil esperar en Él cuando las circunstancias son malas, tristes o dolorosas... creo que es sumamente difícil decir como Job "Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito. Cuento cuan a menudo he cantado "confiaré en ti" y lo fácil que es cantarlo y lo difícil que es en la realidad hacerlo.

    Tercer o, y creo que es lo más importante que debo recordar y es que DIOS  ME AMA. Y sé que a menudo es complicado verlo. Pero así, como yo amo a mis hijos y me duele cuando sufren, Dios me ama más y sufre con nosotros y, sufre a menudo, al decirnos "no". Él nos ama profundamente y esta siempre cono nosotros aunque no podamos verlo a sentirlo en ocasiones.

    En esas ocasiones en las que me siento profundamente triste o sola que canto una canción   que compuso mi hermana Rode hace algunos años para una amiga, una gran persona, que sufrió de cáncer y la compuso para que le diera fuerza en esos momentos difíciles. Finalmente, ella se fue con el Señor, pero estoy segura que cuando mi madre murió fue una de las primeras en recibirla con un "ey, qué pasa" y una sonrisa de las que la caracterizaran. Abajo os comparto la canción.

    Aun sigo en la búsqueda de respuestas, pero voy día a día, paso a paso, tratando de aceptar Su voluntad con una sonrisa y tratando de confiar en Él pidiéndole, a veces que me abrace.

https://youtu.be/gSSupS7-2PY?si=7unUTa1dYLO_09PG


(Con respecto a la foto de la cabecera, es de mi madre y Rode en un viaje que hicieron juntas y me encanta, reflejaba fielmente como era mi madre, siempre con una sonrisa)

domingo, 17 de marzo de 2024

Pases lo que pases

         Hace unos días en la iglesia hablábamos sobre Hechos 16. En este capítulo de Hechos se narra el viaje de Pablo y Silas a Filipos. La conversión de los primeros cristianos allí y, al final del capítulo, se narra como Pablo y Silas fueron golpeados duramente (Hechos 16: 23) y encerrados en la cárcel. No se nos da muchos detalles de cómo era la cárcel en la que fueron encerrados pero seguramente no eran como las que conocemos actualmente en el mundo occidental. 

        Sin  embargo, la biblia nos menciona que, en determinado momento, Pablo y Silas estaban cantando y orando. En la iglesia mencionábamos que, muchos de nosotros en esa situación lo menos que se nos ocurriría sería cantar. Pensando en ello, reflexionaba que, a veces, es difícil llegar a ese nivel de relación con Dios. Creo que, a menudo, llegar a ese nivel sólo se produce cuando has llegado a un nivel completo de rendición a Dios y, a veces, eso solamente se produce cuando has pasado experiencias difíciles o dolorosas.

        En muchas ocasiones, estamos acostumbrados a qué cuando viene un problema oramos por él pero buscamos la forma de solucionarlo. Seguimos pensando en él y vemos cómo arreglarlo y, creo que, en algunos momentos Dios tiene que quitarnos todos los recursos de los que disponemos para que lleguemos a ese nivel de rendición en el que digamos..." es que ya no hay nada que pueda hacer por mucho que quiera..." y terminemos rindiéndonos y confiando en Él.

        Cuando fue la pandemia que nos obligó a estar confinados, en muchas ocasiones, me preocupaba pensando de qué íbamos a vivir, cómo íbamos a tener dinero para comprar comida si no podíamos trabajar. 

        Había momentos en los que me sentía totalmente desolada y lloraba de la impotencia porque no podía hacer nada para solucionarlo. Hasta que llegó un momento que no pude más y tuve que rendirme. Pensé: "no hay nada que pueda hacer, no puedo trabajar, no hay manera en la que pueda conseguir dinero. No tengo para pagar las facturas pero tampoco puedo hacer nada. Así que voy a dejarlo en manos de Dios y que pase lo que tenga que pasar. Si no pago y me quieren embargar o reclamar pues que así sea porque no está en mis manos darle solución. Es que no hay nada que pueda hacer." 

        Después de eso sentí como aquel gran  peso que me abrumaba desaparecía.

        Estos días pensaba en Job y reflexionaba en su vida y en que, tal vez, Dios permitió que perdiera casi todo lo que tenía para llegar a ese nivel de rendición, a ese nivel de conocimiento de él y a ese nivel de relación con Él. 

        De la misma forma que con Job, creo que Dios permite cosas muy duras en nuestra vida por esa misma razón y para que como él, podamos decir: "Hasta ahora solo había oído de ti, pero ahora te he visto con mis ojos. Me retracto de todo lo que dije, y me siento en polvo y ceniza en señal de arrepentimiento. " (Job 42: 5- 6).

        Sé que, muchas veces, es muy duro, entender por qué Dios permite ciertas cosas en nuestra vida y es muy difícil confiar y descansar en él. Pero tal y como dice Pedro en 1ª Pedro 5: 7, tenemos que tratar de dejar nuestras preocupaciones en sus manos porque Él nos cuida. El verbo que usa Pedro en este versículo cuando dice "Echad vuestra ansiedad en Él" implica una acción de llevar nuestras cargas a Dios y dejarlas allí, en sus manos. Implica una acción de llevar y dejar allí y no seguir cargando con ello. Y eso es lo que quiere Dios, que descansemos y confiemos en Él.

        Sé que es una ardua tarea y no es fácil. Pero tratemos de confiar en que Él está ahí cuidándonos y sabe todo mejor que nosotros y que quiere lo mejor para nuestras vidas.




sábado, 9 de marzo de 2024

"La hermosa sinfonía de nuestras vidas"

       

    
      "No puedo más, si la vida es esto, mejor apaga y vámonos". Cuando esta frase resonó varias veces en mi cabeza decidí buscar ayuda y acudir a una psicóloga para que me ayudara a gestionar todo lo que estaba viviendo.
        Hace algunos años me divorcié. Todo se produjo a raíz de muchos años de desgaste y, después de intentarlo de varias formas, me di cuenta que la única vía que tenía, por muchas razones, era el divorcio. 
        Para mi fue un proceso duro porque me habían enseñado desde que era niña que el matrimonio era para toda la vida. Cuando te casabas hacías unos votos ante Dios que debías de cumplir. Las promesas ante Dios había que cumplirlas si no Dios te castigaría. 
        Por eso cuando me divorcié viví una crisis de fe. No sabía ya en que creer, porque si esto no era para toda la vida, entonces lo demás en lo que había creído ¿qué era? Ya no sabía si Dios era real o no, pero tampoco tenía tiempo para pensarlo, tenía tres hijos que mantener y de los que ocuparme y tres trabajos para mantenerlos. 
        Fueron unos años difíciles, por un lado me sentía sola y agotada. Trataba de llenar esa soledad de diferentes formas: haciendo cosas nuevas, saliendo con hombres, trabajando más... cosas que me permitían desconectar, momentáneamente, de esas emociones y de las responsabilidades  pero que nunca terminaban de llenar el vacío. 
        Finalmente, llegó un momento en el que me sentía sola, en el que no me quería nada a mi misma y en el que sentía que mi vida era todo responsabilidades y deberes. Sentía que no podía más.  Me sentía sola y agotada física y emocionalmente y decidí  buscar ayuda. Acudí a una psicóloga para que me ayudara a gestionar todo lo que estaba viviendo, ya que sabía que tenía tres hijos que dependían de que yo estuviera bien. 
        Ella me ayudó a ser consciente de muchas cosas de las que no era consciente y a aprender a establecer límites en la vida. Pero, durante este proceso, sucedió algo que fue un punto de inflexión en mi vida: mi madre murió. 
        Fue duro porque ella toda mi vida estuvo a mi lado. Hablaba con ella cada día y siempre estuvo ahí dándome palabras de aliento. Recuerdo que los meses antes de su muerte ella me decía que "estaba lista para cuando Dios la llamara, que ya había cumplido con su tarea y que éste, era tiempo extra". Incluso esas últimas veces que hablé con ella me decía que "me quería mucho y que estaba orgullosa de mí", algo que no era propio de ella y que siempre necesité escuchar. Por lo que cuando ella partió se fue en paz y yo sentí que estaba en paz con ella.
        A raíz de su muerte decidí tratar de estar más presente en la vida de uno de mis hermanos porque sabía que la muerte de mamá sería especialmente dura para él. A él siempre lo he admirado y siempre me ha parecido un gran hombre... inteligente, guapo, honesto, siempre con la palabra acertada y con un gran corazón, pero, al mismo tiempo, con un corazón sensible ante estas cosas. Así que pensé en tratar de serle de ayuda, estar ahí para él. Pero, lo más curioso es que fue él quien resultó ser de bendición para mí.
        Empecé a ir a verlo a él y a su familia y, a raíz de eso, establecí una relación especial con mi pequeña sobrina Sofi. Sabía que ella oraba por mi y que le gustaba cantar canciones a Dios, por lo que yo comencé a cantar  mientras trabajaba, las canciones que cantaba mi madre y que yo cantaba de joven con mi hermana. Me ponía el canal de youtube de mi hermana y cantaba nuevamente con ella. 
        Haciendo esto recordé que cuando era joven y me sentía sola o triste, yo cantaba y hablaba con Dios y decidí volver a hacerlo nuevamente. Una de las canciones que cantaba muchos esos días, era: "La victoria está en Jesús". Una canción que, muchas veces, había oído cantar a mamá y, algunas de éstas veces, con lágrimas en los ojos, sin saber en aquel entonces lo que ella podía estar viviendo.
        Durante el verano pasó algo singular, una amiga de el seminario en el que estudié, que vivía en El Salvador se puso en contacto conmigo porque una chica de su iglesia vendría a estudiar a Coruña y por si podría ponerla en contacto con alguna iglesia, a lo que respondí afirmativamente. Quedé un domingo con esta chica y fuímos a una iglesia en A Coruña. 
        Hacía años que no iba a la iglesia, debido a mi trabajo y a las circunstancias que había vivido. Mientras se desarrollaba el servicio yo pensaba en mi vida y en todo lo que había vivido y recordaba momentos de mi juventud. Miraba la iglesia, el local, y pensaba en cómo habían cambiado mucha cosas estos últimos años.
        Durante momento del servicio de participación libre, las personas de la iglesia se levantaban y compartían una pasaje que les había sido de bendición, oraban o pedían un coro.  Muchos de los coros que se cantaban yo no los conocía porque eran canciones nuevas que se habían incorporado en los últimos años. 
        En ese tiempo de participación libre, hubo un momento que pensé: cómo me gustaría cantar la canción que cantaba mamá "La victoria está en Jesús" y algo extraño sucedió. En ese momento alguien se levantó y pidió ese coro. Me pareció extraño porque es una canción con más de 20 años de antigüedad y pensé que, tal vez, ya no se cantara. 
        Para cualquier otra persona, esto podría ser casualidad,  podría significar algo sin importancia, pero, para mi, fue una señal de Dios diciéndome "Estoy aquí aunque no lo creas, he estado aquí durante todo este tiempo y te he estado acompañando aunque no lo vieras. Sigo aquí, esperándote". A raíz de este momento, comencé a buscar nuevamente a Dios y restaurar mi relación con él.
        Cuando comencé a ver a mi psicóloga recuerdo que una de mis principales  emociones era la soledad y uno de mis principales temores era el estar sola. Pero no lo estaba, nunca lo estuve. En las últimas sesiones con ella le comentaba que ya no me sentía sola, que ya no sentía ese vacío que trataba de llenar y que no me preocupaba el futuro sola porque me había dado cuenta de que no estaba sola: Dios está conmigo. Sin darme cuenta ese vacío que busqué llenar con tantas cosas y que nunca había logrado llenar ya no estaba. 
        Cuando lo pienso, creo que Dios es muy singular cuando obra sus planes. A veces, desconocemos porque Dios permite ciertas cosas, sobretodo, las cosas malas. Pero Dios está obrando, en su providencia. Él lo ve todo y va guiando las cosas para nuestro bien aunque, a menudo, nos parezca injusto y no lo podamos ver. 
        Él está ahí, tal y como, en su soberana providencia, obró todo en la vida de la reina Esther y Mardoqueo en una proceso que duró años. Tal y como obró en mi vida, y sigue obrando, Dios está ahí como un director de orquesta dirigiendo todo para que suene la más hermosa sinfonía de nuestras vidas.  

    Os comparto  la letra de una canción de Rode que espero poder compartiros la canción cantada en breve.
Aquí estoy un día más con la lluvia, en soledad
Otro día gris que me volvió a hacer pensar
Si existe Dios yo no lo se, pero no puedo comprender
Que este dormido en un rincón sin escuchar mi voz
Mi vida rota es la evidencia que demuestra la indiferencia
Y mientras lloro en un rincón, ¿dónde estas Tu?
¿Dónde estas Tu?     (¿Dónde estas Tú?)
¿Si estas ahí?     Si estas ahí contéstame, arriésgate y sal
¿Dónde estas Tu?     (¿Dónde estas Tu?)
¿Si estas ahí?    Si estas ahí demuéstralo; si Tú eres Dios, atrévete.
Llueve más fuerte en la calle y me contestas en el aire
¿De donde sale todo lo que puedes ver?
¿Crees acaso que de la nada por si mismo puede salir algo?
Demuéstralo y haz una vida con tus manos
¿Quién da la lluvia que te acompaña y que alimenta todas las plantas?
¿Quién ve tus lagrimas y se lamenta porque no dejas que haga nada?
¿Quién es el que te da la libertad para que tu vida dirijas
Aunque a veces mal decidas y eso te cause mucho dolor          
Mucho dolor (mucho dolor) que siento yo (que siento yo)
Al verte herida y sin salida en ninguna parte  
Mas tu no crees (mas tu no crees) que estoy obrando (que estoy obrando)
Aunque no lo ves y cuido tu herida amándote
Amándote (amándote) y esperando que (esperando que)
Confíes en que quiero lo mejor para tu vida
Queriéndote (queriéndote) y rogándote (rogándote)
Que confíes en mí y por fin creas que te amo 
Amándote (amándote) queriéndote (queriéndote)
Llamándote (llamándote) esperándote (esperándote)

Amándote