martes, 17 de diciembre de 2013

Mirando hacia atrás un año más

Ya se acerca el final de un año más y, como cada año, no podemos evitar mirar hacia atrás para pensar en todas las cosas y los momentos que hemos vivido; en todo lo que hemos hecho o hemos dejado de hacer; en todo lo que hemos aprendido a aún nos negamos a aprender, para evaluar cómo ha sido nuestro año.
Tristemente, a menudo, al revisarlo y hacer balance o cuentas de lo negativo o positivo tendemos a mirar que lo negativo pesa más en la balanza y otra vez estamos en números rojos.
Hay quien evalúa en experiencias buenas o malas para valorar si ha sido un buen o un mal año, pero yo no uso esos baremos para valorar mi año si no lo evalúo en función de cómo he vivido para mi Dios ya que no puedo evitar recordar la enseñanza del apóstol Pablo: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” Efesios 5: 15- 16.
¿Cuánto tiempo he dedicado a Dios este año? ¿Cuánto tiempo he empleado en leer la Biblia y orar, en conocerle? ¿Cuánto tiempo he invertido en servirle? ¿en edificar a otros? ¿ en compartir y hablar a otros de Él? Y, tristemente, siento que me quedo una vez más en números rojos...
Pero, antes de dejarme caer y desanimarme una vez más por mi fracaso o por haberle fallado una vez más, oigo una vez más su dulce voz hablandome y diciendome que: soy una nueva criatura, que soy libre del pecado, del pasado y que puedo cambiar y que cada día tengo una nueva oportunidad para ser mejor y vivir para Él. Y con ánimo renovado así espero comenzar el nuevo año. Un nuevo año lleno de oportunidades y momentos para vivir para Él.
Es mi deseo que comencéis vuestro año con ese mismo deseo y comparto con vosotros la letra de una canción de Jesús Adrián Romero, que refleja muy bien este propósito.


Que seas mi universo
no quiero darte solo un rato de mi tiempo
no quiero separate un día solamente
Que seas mi universo
no quiero darte mis palabras como gotas
quiero un diluvio de alabanzas en mi boca 

Que seas mi universo
Que seas todo lo que siento y lo que pienso
Que seas el primer aliento en la mañana
y la luz en mi ventana
Que seas mi universo
Que llenes cada uno de mis pensamientos
Que tu presencia y tu poder sean mi alimento
oh Jesús es mi deseo 

Que seas mi universo
no quiero darte solo parte de mis años
te quiero dueño de mi tiempo y de mi espacio
Que seas mi universo
no quiero hacer mi voluntad quiero agradarte
y cada sueño que hay en mi quiero entregarte  

Os comparto también un vídeo:

martes, 25 de junio de 2013

Valentía en tiempos de crísis



Los últimos meses han sido duros, realmente duros. Creo que sólo Dios sabe lo duro que ha sido para mi todo este tiempo.
Ha sido como una montaña rusa llena de altibajos, con momentos buenos y con momentos malos, muy malos en los que he llegado a preguntarle a Dios en qué estaba pensando y he llegado a decirle que no le entendía... que aceptaba lo que estaba haciendo, porque tenía que aceptarlo, pues al fin al cabo Él es soberano y el dueño de mi vida, pero que no lo entendía.
La situación aun no ha cambiado mucho, ni siquiera ha mejorado... este domingo celebraba con mi familia mi cumpleaños y mi deseo al soplar las velas era que el próximo año nuestra situación fuera mejor. Pero, a pesar de que no ha mejorado me he dado cuenta de cosas que me han sorprendido.
Una de ellas fue, que unas semanas antes, pensando en nuestra situación pensaba que este sería el peor cumpleaños en mucho tiempo... y me sorprendí al descubrir que mi hija mayor me estaba escribiendo y dibujando un cuento para mi cumpleaños sin que nadie le hubiera dicho nada... me pareció grandioso y maravilloso tener una hija tan, pero que tan especial.
La otra cosa es algo de lo que me he estado dando cuenta en los últimos días... y es que mi querido esposo, después de meses buscando trabajo sin encontrarlo, ha decidido emprender algo y montar su propio negocio. La verdad es que la sola idea, tal y como esta el país, a mi me da pavor. Inesperadamente, surgen una y otra vez pensamientos y miedos del tipo: "y si no sale bien... ¿qué vamos a hacer?"... y la verdad no es nada nuevo. Porque en el pasado recuerdo ideas o sueños que creo que Dios puso en mi para llevar a cabo y al final se quedaron en nada. No porque lo intentara y fracasara, sino porque ni siquiera lo intenté.
Me maravilla y me sorprende tener a mi lado a un hombre tan maravilloso, pero sobretodo tan valiente como para emprender algo cuando la mayoría opinan que es una locura y que saldrá mal. Lo admiro es tan valiente...
Al respecto de eso, hoy mientras limpiaba un baño en la casa en la que trabajo, me vino una revelación y es que esa cualidad tan especial de mi esposo: la valentía... no es algo único en él, sino que es algo que caracteriza a su familia: 
Dos de sus hermanos tienen su propio negocio, uno de ellos desde hace ya tiempo y ha trabajado tan duro y tan bien que su negocio es reconocido en el lugar en el que está... incluso he podido descubrir blogs, donde diferentes personas lo recomiendan; el otro se ha embarcado en el último año en la aventura de un negocio propio y va funcionando.
Su hermana mayor, hoy daba una entrevista en CNN en USA, para hablar de su escuelita en Honduras para niños de la calle. Una escuelita que empezó con el sueño de una maestra y que hoy varios años después sigue ayudando y enseñando a muchos niños hondureños que sin esa escuela no podrían tener una educación. (Si queréis ver más de la escuela podéis verlo en este es el link: http://www.hfhonduras.org/index.php)
Es por eso que no me sorprende que Isaac sea así... no dudo que Doña Esther (mi suegra) los ve desde el cielo y se siente muy orgullosa de en los hombres y mujeres de Dios en los que se han convertido sus hijos. Viéndolos a ellos no dudo de que ella fue una gran mujer y una gran madre, ojalá dentro de unos años pueda mirar a mi hijos y decir lo mismo y ser al menos un poco como Doña Esther.

jueves, 2 de mayo de 2013

En el regazo del Padre


Llevo días queriendo escribir algo, pero soy de esas personas que pienso que antes de escribir nada para que alguien lo lea, hay que tener algo que decir y aunque parezca raro (sobre todo para aquellos que me conocen) últimamente no tenía nada que decir. Quizás porque estos últimos meses han estado llenos de baches y socavones y me sentía un poco abandonada y en rebeldía pero creo que ahora ya estoy en el camino nuevamente... Como decía una frase que leí una vez: "Sé que no soy lo que debiera ser y aun no soy lo que seré, pero no soy el que era... estoy en camino porque me tocaste." Y así estoy yo, "en camino".

Bueno a lo que iba, que es lo que tiene relación con el título de la entrada. Hace un par de días estaba acostadita en la cama viendo la tele. Era una de esas tardes en las que no trabajas y en las que lo único que te apetece hacer es estar tumbada viendo algo en la tele (pero algo que merezca la pena aunque hoy en día es díficil entre tanta telebasura...). Al ratito llegó mi hija mayor y se acurrucó a mi lado en mi regazo, algo que le encanta hacer. Al rato se unió mi otra hija. Así estábamos las tres acurrucaditas, las dos bien enterraditas en mi regazo. Más tarde se nos unió el peque que se puso donde había algo de espacio y así pasamos la tarde los cuatro apretujados en mi cama.

Más tarde pensaba en ello y en lo a gusto que se siente en el regazo de tu madre cuando eres pequeño. Parece como si nada ni nadie pudiera hacerte daño. Parece como si no pasara el tiempo. Parece como que nada puede pasar. Te sientes seguro... a salvo...protegido... Y en cierto modo así es porque las madres parece que  somos más valientes, más fuertes, .... más todo, cuando se trata de proteger y defender a nuestros hijos.
Lo mismo es en esos momentos en los que te sientes en el regazo del Padre, de Dios. Esos momentos en los que sientes que Él te sostiene y que no hay nada ni nadie que pueda hacerte daño. En los que te sientes protegido, a salvo.

Lo más grandioso de todo es que hay momentos en los que no sientes nada de eso y te sientes solo e incluso crees que Dios no esta ahí contigo, en tu lucha, en tu sufrimiento, en tu dolor... pero tenemos la promesa y lo sabemos que aunque no lo sintamos Él está ahí, a tu lado... y aunque no lo sientas, aunque no lo oigas,  aunque no lo veas... Él esta ahí sujetandote en su regazo.