lunes, 23 de julio de 2012

Luz en el mundo




Hoy me pasó algo curioso fuí al super a comprar. Cogí varias cosas: leche, magdalenas, etc... y me dirigí a la caja y me puse a la cola. Al rato llegó una mujer marroquí con tres barras de pan y se puso en la cola detrás mía. Como llevaba pocas cosas le dije que podía pasar delante mía a pagar para que no tuviera que esperar.  Ella me dio las gracias y espero  a que la pareja delante nuestra pagara. Cuando terminaron le dije a la cajera que le cobrara a ella, su reacción me sorprendió... me dio, nuevamente, las gracias pero muy efusivamente y, aun cuando terminó de pagar, volvió a darme las gracias con una sonrisa en el rostro.
Eso me hizo preguntarme varias cosas: ¿será que nunca antes alguien había hecho eso mismo por ella? ¿será que por ser marroquí la gente no suele tener esas muestras de gentileza con ella?...Preguntas sin respuesta, pero en las que pensar, más que nada para que si, realmente, la respuesta a mis preguntas es afirmativa ¿qué podemos hacer nosotros como cristianos, como luz en este mundo, para marcar la diferencia?

miércoles, 11 de julio de 2012

Hoy quiero compartiros un enlace muy especial... un enlace al blog de mi hermana (que creo que es nuevo); a una entrada en la que comparte acerca de su fe y porque cree en Dios... y como yo me siento en consonancia con su post y con la letra de su canción aquí os lo pongo (el enlace claro):




Espero que os guste :)

martes, 3 de julio de 2012

Cómo sería todo si...




Hace dos días leí una historia que me gustó y quiero compartirla. Antes de nada os pido que la leais sin prejuicios (sobretodo las feministas acérrimas porque la historia no va por ahí). La leí en el libro "Grandeza para cada día" de Stephen Covey y se titula "La esposa de ocho vacas de Johnny Lingo" de Patricia McGerr y dice así: 

Cuando partí en barco hacia Kiniwata, una isla del Pacífico, llevé una agenda conmigo. Al regresar estaba llena de descripciones de flora y fauna, costumbres y vestimentas nativas. Pero la anotación que más me interesa es la que dice:"Johnny Lingo le dio ocho vacas al padre de Sarita". y no tengo necesidad de tenerla por rescrito. Me acuerdo de eso cada vez que veo una mujer subestimada por su marido, o una esposa marchitándose bajo la burla de su esposo. Quisiera decirles: "Debería saber por qué Johnny Lingo pagó ocho vacas por su esposa".
Johnny Lingo no era exactamente su  nombre. Pero así lo llamaba Shenkin, el gerente de la casa de huéspedes en Kiniwata. Shenkin era de Chicago y tenía el hábito de dar nombres estadounidenses a los habitantes de la isla. Pero Johnny era mencionado por muchas personas en muchos aspectos. Si yo quería pasar unos pocos días en la isla vecina de Nurabandi, Johnny Lingo podía conseguirme un lugar. Si quería pescar, e´l podía mostrarme dónde era mejor. Si eran perlas lo que buscaba, él me traía las mejores compras. Toda la gente de Kiniwata hablaba muy bien de Johnny Lingo. sin embargo, cuando lo hacían, sonreían, y las sonrisas eran ligeramente burlonas.
- Pídale a Johnny que la ayude a encontrar lo que quiere y deje que él haga el regateo- me aconsejó Shenkin- Johnny sabe cómo hacer una transacción.
- ¡Johnny Lingo!- un muchacho sentado se moría de la risa.
- ¿Qué sucede?- pregunté- Todo el mundo me dice que me ponga en contacto con Johnny Lingo y luego se ríen. ¿cuál es el chiste?
- Ah, a la gente le gusta reírse- dijo Shenkin, encogiéndose de hombros-. Johnny es el más brillante, el muchacho más fuerte de las islas, y para su edad el más rico.
- Pero si él es todo lo que dice usted dice, ¿de qué hay que reírse?
- De una sola cosa.Hace cinco meses, en el festival de otoño Johnny llegó a Kiniwata y se buscó una esposa. ¡le pagó a su padre con ocho vacas!.
Yo conocía bastante bien las costumbres de las islas: dos o tres vacas compraban una esposa regular; cuatro o cinco, una muy atractiva.
-¡Dios míos!- dije-. ¡Ocho vacas! Debe ser tan bella que quita el aliento.
-No es fea- respondió y sonrío un poco-. Yo diría que una chica normal y corriente, del montón. Sam Karoo, su padre, temía que se quedara soltera.
-¿Pero después él consiguió ocho vacas por ella? ¿No es extraordinario?
-Nunca nadie pagó tanto.
- ¿Y sin embargo dice que la esposa de Johnny Lingo es normal y corriente?
-Dije que sería mejor si la llamar normal y corriente. Era muy flaca. Caminaba con los hombros encorvados y la cabeza gacha. Le temía a su propia sombra.
-Bueno-dije-, supongo que el amor es ciego.
-Eso es cierto- estuvo de acuerdo el hombre-. Y por eso los aldeanos se ríen cuando hablan de Johnny. Tienen un sentimiento especial por el hecho de que el comerciante más hábil de las islas fue superado por el tonto y viejo Sam Karoo.
-¿Pero cómo fue eso?
- Nadie lo sabe y todo el mundo se lo pregunta. Todos los primos instaban a Sam a que pidiera tres o cuatro vacas, y que regateara hasta que estuviera seguro de que Johnny pagaría solamente una. Luego Johnny fue a ver Sam Karoo y le dijo: "Padre de Sarita, te ofrezco ocho vacas por tu hija".
-Ocho vacas- murmuré-. Me gustaría conocer a ese Johnny Lingo.
Quería pescar. Quería perlas, Así que la tarde siguiente atraqué mi bote en Nurabandi. Y advertí, mientras solicitaba instrucciones para llegar a la casa de Johnny, que su nombre no generaba ninguna risa burlona en los labios de sus compañeros de Nurabandi. Cuando conocí al joven delgado y serio, cuando me dio la bienvenida a su hogar, me sentí feliz de que gozara del respeto de su propia gente, sin burlas. Nos sentamos en su casa y hablamos.
-¿Viniste aquí desde Kiniwata?- me preguntó.
-Si.
-¿Hablan de mí en esa isla?
- Dicen que no hay nada que yo quisiera tener que tú no puedas ayudarme a obtener.
Él sonrió con cordialidad.
- Mi esposa es de Kiniwata.
- Sí, lo sé.
- ¿Hablan de ella?
- Un poco.
- ¿Qué dicen?
-Bueno, sólo...- la pregunta me tomó por sorpresa-. Me dijeron que te casaste en la época del festival.
-¿Nada más?-la curva de sus cejas me decía que él sabía que debía de haber más.
-También me dijeron que arreglaste el matrimonio por ocho vacas?-hice una pausa-. Se preguntan por qué.
-¿Se preguntan eso?- Sus ojos brillaron de gozo-. ¿Todo el mundo en Kiniwata sabe lo de las ocho vacas?
Asentí.
-Y en Nurabandi también lo saben todos-su pecho se expandió con satisfacción-. Siempre y para siempre, cuando hablen de arreglos matrimoniales, se acordarán de que Johnny Lingo pagó ocho vacas por Sarita.
Así que está es la respuesta, pensé: la vanidad.
Luego la vi. La observé entrar al cuarto para colocar las flores en la mesa. Se quedó de pie quieta durante un momento para sonreírle al joven que estaba a mi lado. Luego se fue silenciosamente. Era la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Los hombros erguidos, la inclinación de su barbilla, la chispa en sus ojos, todo expresaba un orgullo que nadie podía negarle el derecho a tener.
Me volví a Johnny Lingo y lo descubrí mirándome.
-¿La admira?- murmuró.
- Ella... ella es maravillosa- dije.
-Hay una sola Sarita. Tal vez no luzca como dicen que lucía en Kiniwata.
- No, oí que era agradable. Todos se burlan de ti porque te dejaste engañar por Sam Karoo.
-¿Cree que ocho vacas fueron demasiadas?- se le deslizó una sonrisa entre los labios.
- No, ¿pero cómo puede ser tan diferente?
-¿Alguna vez pensaste-preguntó-, qué debe significar para una mujer el hecho de saber que su esposo arregló su matrimonio por el precio más bajo por el que pudo ser comprada?  Y luego, más tarde, cuando hablan las mujeres, alardean de lo que sus maridos pagaron por ellas. Una dice: cuatro vacas; otra, tal vez, seis. ¿cómo se siente la mujer que ha sido comprada por una sola vaca? Esto no podría pasarle a mi Sarita.
-¿Entonces lo hiciste sólo para hacer feliz a tu esposa?
- Sí, quería que Sarita fuera feliz. Pero quería más que eso. Usted dijo que ella es diferente. Eso es cierto. Muchas cosas pueden cambiar una mujer. Cosas que suceden por dentro, cosas que suceden por fuera. Pero lo que importa más es lo que ella piensa de sí misma. En Kiniwata, Sarita creía que no valía nada. Ahora sabe que vale más que cualquier otra mujer de las islas.
- Entonces quisiste...
-Quise casarme con Sarita. La amaba a ella y no a otra mujer.
- Pero...- estaba a punto de comprender.
- Pero- terminó con suavidad-, yo quería una esposa de ocho vacas.

Todos los seres humanos, desde la cuna hasta la tumba responden al respeto, responden a las personas que ven sus potenciales ocultos y los hacen surgir. Tú puedes verlo en sus semblantes; puedes oírlo en sus voces. No, Sarita, quizás no todos se transformen en bellezas físicas como Sarita, pero su belleza interior brillará de maneras que creo que influirán considerablemente en su presencia física y llevara nueva luz a sus ojos.


Cuando leí esta historia me gustó mucho y me recordó el poder que tiene el que alguien crea en ti. Recuerdo hace años una conversación con una amigo y un gesto que tuvo que me hizo ver la fe que tenía en mi y en mi futuro. Fue muy significativo e importante para mí saber que alguien creía en mi.
A menudo, en nuestro día a día, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones e, incluso, en la iglesia tendemos a  hacer lo contrario, en vez de mirar lo bueno de las personas, de creer en ellas, en lugar de verlas como Dios las ve, tendemos a mirarlas con ojos críticos y de juicio y ver lo malo ( a menudo yo la primera)... pero, me pongo a pensar en lo diferente que sería el mundo si nuestra actitud fuera la contraria: si viéramos lo bueno, si animásemos a los demás si fuéramos los primeros en creer en ellos... ¿cómo sería todo?