domingo, 17 de marzo de 2024

Pases lo que pases

         Hace unos días en la iglesia hablábamos sobre Hechos 16. En este capítulo de Hechos se narra el viaje de Pablo y Silas a Filipos. La conversión de los primeros cristianos allí y, al final del capítulo, se narra como Pablo y Silas fueron golpeados duramente (Hechos 16: 23) y encerrados en la cárcel. No se nos da muchos detalles de cómo era la cárcel en la que fueron encerrados pero seguramente no eran como las que conocemos actualmente en el mundo occidental. 

        Sin  embargo, la biblia nos menciona que, en determinado momento, Pablo y Silas estaban cantando y orando. En la iglesia mencionábamos que, muchos de nosotros en esa situación lo menos que se nos ocurriría sería cantar. Pensando en ello, reflexionaba que, a veces, es difícil llegar a ese nivel de relación con Dios. Creo que, a menudo, llegar a ese nivel sólo se produce cuando has llegado a un nivel completo de rendición a Dios y, a veces, eso solamente se produce cuando has pasado experiencias difíciles o dolorosas.

        En muchas ocasiones, estamos acostumbrados a qué cuando viene un problema oramos por él pero buscamos la forma de solucionarlo. Seguimos pensando en él y vemos cómo arreglarlo y, creo que, en algunos momentos Dios tiene que quitarnos todos los recursos de los que disponemos para que lleguemos a ese nivel de rendición en el que digamos..." es que ya no hay nada que pueda hacer por mucho que quiera..." y terminemos rindiéndonos y confiando en Él.

        Cuando fue la pandemia que nos obligó a estar confinados, en muchas ocasiones, me preocupaba pensando de qué íbamos a vivir, cómo íbamos a tener dinero para comprar comida si no podíamos trabajar. 

        Había momentos en los que me sentía totalmente desolada y lloraba de la impotencia porque no podía hacer nada para solucionarlo. Hasta que llegó un momento que no pude más y tuve que rendirme. Pensé: "no hay nada que pueda hacer, no puedo trabajar, no hay manera en la que pueda conseguir dinero. No tengo para pagar las facturas pero tampoco puedo hacer nada. Así que voy a dejarlo en manos de Dios y que pase lo que tenga que pasar. Si no pago y me quieren embargar o reclamar pues que así sea porque no está en mis manos darle solución. Es que no hay nada que pueda hacer." 

        Después de eso sentí como aquel gran  peso que me abrumaba desaparecía.

        Estos días pensaba en Job y reflexionaba en su vida y en que, tal vez, Dios permitió que perdiera casi todo lo que tenía para llegar a ese nivel de rendición, a ese nivel de conocimiento de él y a ese nivel de relación con Él. 

        De la misma forma que con Job, creo que Dios permite cosas muy duras en nuestra vida por esa misma razón y para que como él, podamos decir: "Hasta ahora solo había oído de ti, pero ahora te he visto con mis ojos. Me retracto de todo lo que dije, y me siento en polvo y ceniza en señal de arrepentimiento. " (Job 42: 5- 6).

        Sé que, muchas veces, es muy duro, entender por qué Dios permite ciertas cosas en nuestra vida y es muy difícil confiar y descansar en él. Pero tal y como dice Pedro en 1ª Pedro 5: 7, tenemos que tratar de dejar nuestras preocupaciones en sus manos porque Él nos cuida. El verbo que usa Pedro en este versículo cuando dice "Echad vuestra ansiedad en Él" implica una acción de llevar nuestras cargas a Dios y dejarlas allí, en sus manos. Implica una acción de llevar y dejar allí y no seguir cargando con ello. Y eso es lo que quiere Dios, que descansemos y confiemos en Él.

        Sé que es una ardua tarea y no es fácil. Pero tratemos de confiar en que Él está ahí cuidándonos y sabe todo mejor que nosotros y que quiere lo mejor para nuestras vidas.




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