Últimamente pensaba sobre nosotros mismos y como, a menudo, nos gustaría destacar en algo, ser el personaje principal de algo y en las pocas veces que llegamos a serlo como queremos pero lo somos sin darnos cuenta. Me explico...
Cuando era adolescente me sentía la persona más insigiifcante del mundo. Tenía una hermana melliza que yo consideraba que era mucho mejor que yo en todo y nunca me consideré buena en nada. Por lo que pensaba que no tenía mucho sentido que yo estuviera en este mundo, que sobraba aquí y en muchas ocasiones deseé morir.
Pero, en los últimos años, me he dado cuenta de cuan innumerables veces vemos como Dios usa pequeñas cosas para hacer cosas increíbles y muestra de ello lo encontramos en la Biblia.
Por ejemplo: la sierva de Naaman (2 Reyes 5: 2- 4), Rahab (Josué 2), la viuda de Sarepta (1 Reyes 17: 8- 24), el niño que llevó los panes y los peces a Jesús (Juan 6: 1- 15), los colaboradores de Pablo ( Sópater. Segundo, Gayo, Trófimo, Onésimo, Lidia, Febe, Trifema, Trifosa, Acaico, Arquipo, etc...)... Son ejemplos, de personas que hicieron pequeñas cosas pero que fueron fundamentales en el plan de Dios.
Creo que, a menudo, nos entristece pensar que no tenemos grandes dones o cualidades y nos gustaría tener una gran voz, una gran capacidad de oratoria, una gran personalidad, pero, a menudo, Dios usa a personas que no tienen esas "grandes cosas" pero si están dispuestas, para cumplir sus planes.
He de confesar que yo, en muchas ocasiones, he pensado así. Siempre me he considerado una persona mediocre: ni guapa, ni fea, la típica española, ojos marrones, pelo marrón, etc... no muy lista, algo tímida, con una voz normal, que no desafina, pero no una voz que destaque,... y me entristecía pensar que no era buena en nada.
Con los años he llegado a comprender que Dios nos hizo a cada uno con unas características determinadas para el propósito que tenía para nosotros. Nos hizo perfectos para sus planes.
Cuando me pongo a recordar personas que han influído en mi vida de forma positiva, no recuerdo personas que fueran grandes predicadores, o grandes cantantes, o grandes pastores si no que vienen a mi mente personas que podrían parecer insignificantes pero que sus pequeñas intervenciones en mi vida la cambiaron: aquel joven que sufrió una enfermedad pero que vivía su cristianismo de forma real, una madre que siempre estuvo tras el escenario pero que inculcó en cada uno de nosotros una creencia y una vivencia real en Dios, aquel hermano que me invitó a un viaje, aquella amiga que me animó a unirme a un coro, aquellos dos amigos incondicionales que siempre están para cualquier cosa que necesite a pesar de sus migrañas y de todo lo que tienen encima, aquella familia que siempre está para lo que necesite y que si necesito cualquier cosa que se lo diga a Nano, aquella hermana de la iglesia que siempre ora por mi y me envía versículos cada día, esos hermanos que estén para si necesito una receta, arreglar un aparato o consejo bíblico, esos amigos que oran por mi... pequeñas cosas pero tan, tan grandes e importantes para mi y , sin duda, para Dios.
A veces, nos pesa que pos nuestras circunstancias no podemos hacer otras cosas porque nuestros niños son pequeños, porque nuestra salud no nos lo permite,... cosas que nos gustaría hacer como acoger a un niño, hacer un viaje misionero o humanitario, etc... he aprendido que, a veces, hay cosas que nos gustaría hacer pero no podemos pero Dios tiene otras personas que si pueden hacerlo por sus circunstancias. Esas personas probablemente querrían hacer cosas que nosotros si podemos hacer, por nuestras circunstancias, pero Dios nos usa a todos en menor o mayor medida.
En mi iglesia hay una familia de acogida y me parece algo maravilloso que puedan acoger niños y darles ese amor y estabilidad que necessitan. Es algo que me gustaría hacer pero no puedo hacer por mis circunstancias. Pero debido a mis circunstancias, porque mis hijos ya son más mayores, si puedo hacer otras que ellos no pueden, que son las que trato de hacer.
La sierva de Naaman no podía hacer mucho, por sus circunstancias, era una sierva, pero hizo lo que estaba en sus manos para hacer.
Hace unos días mi hermana nos hizo llegar una fotos de un libro en el que mi madre recogía fotos y recuerdos de su vida. Algunas de esas fotos eran fotos de notas que adjuntaban ofrendas para sostener su ministerio. Probablemente estas personas aportaron con lo poco que podían para el ministerio de mis padres y, nadie sabe lo que hicieron, solo Dios, pero fueron parte fundamental para que mis padres pudieran servir al Señor, para que pudieran mantener a sus hijos y darles una educación, pagar el hospital de alguno de ellos, etc... fueron personas anónimas pero fundamentales en el plan de Dios.
Grandes evangelistas y predicadores llegaron a conocer al Señor y a crecer en él por personas anónimas que sólo tenían en su corazón una gran disposición para servir y una gran pasión por Dios.
Tal vez no podamos hacer canciones y cantarlas con una voz espectacular. Tal vez no podamos ser grandes predicadores o evangelistas. Pero Dios usa muchas personas anónimas y personajes secundarios para cambiar vidas. No nos sintamos mal por no poder hacer "grandes cosas" sino que sintamonos felices por las "pequeñas cosas" que podemos hacer para Dios. A menudo Dios nos busca grandes personas si no personas dispuestas.
Seamos esas personas dispuestas que digamos: Dios aquí estoy para lo que necesites, muestrame que puedo hacer hoy para ser de bendición a otros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario