miércoles, 12 de septiembre de 2012

Érase un hombre a un móvil pegado...

Pensando en el poema de F. Quevedo:


Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.

He hecho mi propia adaptación actual (dedicada a todos los adictos al móvil):

Érase un hombre a un móvil pegado,
Érase un móvil Smartphone ultraplano,
Érase un móvil que no pesaba ni cien gramos,
Érase un móvil que era muy guapo hasta apagado.

Érase una cámara con ocho megapixeles,
Érase un gps que encontraba hasta la Atlántida,
Érase una pantalla táctil capacitiva,
Érase un teléfono que envidiaban hasta los ángeles.

Érase un reproductor de música con más de mil canciones
Érase una oficina en el bolsillo,
El sueño era de todos los bailones.

Érase un móvil de última generación,
Con tuenti, facebook y wasap,
Con lo necesario para cualquier conversación.



No seáis muy críticos, sólo le dedique unos minutillos a ello. Falta arreglarlo un poco, sobretodo la métrica.
Un abrazo, Que tengáis un buen día. 


1 comentario:

  1. No debes discuplarte nunca por tu trabajo, bien hecho está. Críticos siempre va a haber, tan solo dedícales una oda a su nariz lo mismo que Quevedo.
    Bien hecho Lidia.

    ResponderEliminar