Últimamente he meditado mucho sobre nuestra percepción y como difiere de la de otras personas... Por ejemplo, es curiosa la sencillez con la que mi hija mira el mundo y lo fácil que le resulta siempre encontrar soluciones a todo como ayer que le dijimos que nuestra casera estaba triste porque habían atropellado a su perro y había muerto. Ella rápidamente encontró la solución, nos dijo: ¿sabes mami? tengo una idea, le buscamos un novio a Ruly (nuestra perra), la casamos y que tenga un hijo y se lo regalamos a nuestra casera... ( a lo que yo pensaba: si, hombre, no me llega con dos hijas y una perra que voy a por más...) Que fácil parece todo a los ojos de un niño. Creo que igual para Dios y que bueno es saber que podemos confiar en él que sabe más que nosotros para cuidarnos y ayudarnos con nuestros problemas.
Otro ejemplo de diferentes percepciones es como nosotros recordamos nuestra niñez y adolescencia y cómo la recuerdan nuestros padres y amigos o compañeros... Yo curiosamente siempre me he recordado como una chica sencilla y con muchos complejos.. sin embargo creo que muchos me recuerdan como una repipi presumida... y supongo que mis padres tampoco me recordaran así, probablemente me recuerden como una adolescente un poco insoportable.
¡Qué curioso esto de la percepción! Pienso que asimismo son las cosas con Dios y nuestras relaciones con los demás... a veces hay personas con las que nos es díficil tratar, incluso que, a veces, no podemos ni verlas... y, sin embargo, son personas a las que Dios ama igual que a mi y a las que Dios quiere que yo ame... y ¿cuál es la clave para lograr hacerlo? pues la percepción, ver a los demás con los anteojos de Dios, verlos como Dios los ve, con sus defectos y limitaciones, pero, también, con sus virtudes, sus luchas y sus buenas cosas...
Del mismo modo pasa con nuestra actitud ante la vida, podemos ver las cosas por el lado bueno o por el lado malo. Como dicen "el vaso medio lleno o medio vacío" confiando en una cosa y es que Dios siempre está al control de todo y que "para los que a Dios aman todas las cosas ayudan a bien". La siguiente historia que leí en un libro de una de mis escritoras favoritas Barbara Johnson titulado "Elástico Fresco para madres estiradas" refleja muy bien lo que quiero decir:
ES UN DÍA PRECIOSO, ¿VERDAD?
El día ha comenzado realmente mal. Me he quedado dormida y he llegado tarde al trabajo. Todo lo que ha sucedido en la oficina ha contribuido a mi nervioso frenesí, así que para cuando llegué a la parada del autobús para regresar a casa tenía un enorme nudo en el estómago.
Como de constumbre el autobús llegó tarde y además, iba abarrotado. Tuve que estar de pie en el pasillo mientras el movimiento del vehículo me arrastraba, en todas direcciones y mi abatimiento se iba acrecentando.
Entonces oí una voz profunda que decía bien alta: "Hace un día precioso, ¿verdad?" Debido a la multitud, no podía ver a aquel hombre, pero si podía oírle, mientras continuaba comentando acerca del paisaje de la primavera, llamando la atención a cada uno de los puntos sobresalientes por los que íbamos pasando. Primero, una iglesia, luego, un parque. Este cementerio, la estación de bomberos. No tardaron todos los pasajeros en mirar por las ventanillas. El entusiasmo de aquel hombre era tan contagioso que de repente me dí cuenta de que estaba sonriendo por primera vez aquel día. Llegamos a mi parada y al abrirme paso hacia la puerta pude echar un vistazo a nuetsro guía: un hombre rechoncho, con una barba negra, que llevaba puestas gafas oscuras y se poyaba sobre un fino bastón blanco. ¡Increíble! ¡Estaba ciego! Bajé del autobús, y, de repente toda la tensión que había estado acumulando se esfumó. Sios en su sabiduría, había enviado a un ciego para ayudarme a ver. Ver que, aunqeu hay momentos en que las cosas salen mal, cuando todo parece oscuro y espantoso, todavía sigue existiendo un mundo hermoso. Tarareando una canción, subí de prisa los escalones a mi apartamento. No podía esperar para saludar a mi esposo con las palabras: "Hace un día precioso, ¿verdad?".
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay virtud alguna o algo que merece elogio, en esto meditad. Filipenses 4: 8 (LBLA)
En definitiva: Todo es cuestión de percepción.
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ResponderEliminarMe gusta mucho. comparto contigo el que me gusta Bábara Johnson he aprendido y reído mucho con su libro: "cuando se vive entre el est´rogeno y la muerte". Pero tambien me ha sorprendido esta Lidia "plumillas" de la que no conocía esta faceta, sigue asi, lo haces muy bien, en mi modesta opinión.
ResponderEliminarKrinon