Llevo días queriendo escribir algo, pero soy de esas personas que pienso que antes de escribir nada para que alguien lo lea, hay que tener algo que decir y aunque parezca raro (sobre todo para aquellos que me conocen) últimamente no tenía nada que decir. Quizás porque estos últimos meses han estado llenos de baches y socavones y me sentía un poco abandonada y en rebeldía pero creo que ahora ya estoy en el camino nuevamente... Como decía una frase que leí una vez: "Sé que no soy lo que debiera ser y aun no soy lo que seré, pero no soy el que era... estoy en camino porque me tocaste." Y así estoy yo, "en camino".
Bueno a lo que iba, que es lo que tiene relación con el título de la entrada. Hace un par de días estaba acostadita en la cama viendo la tele. Era una de esas tardes en las que no trabajas y en las que lo único que te apetece hacer es estar tumbada viendo algo en la tele (pero algo que merezca la pena aunque hoy en día es díficil entre tanta telebasura...). Al ratito llegó mi hija mayor y se acurrucó a mi lado en mi regazo, algo que le encanta hacer. Al rato se unió mi otra hija. Así estábamos las tres acurrucaditas, las dos bien enterraditas en mi regazo. Más tarde se nos unió el peque que se puso donde había algo de espacio y así pasamos la tarde los cuatro apretujados en mi cama.
Más tarde pensaba en ello y en lo a gusto que se siente en el regazo de tu madre cuando eres pequeño. Parece como si nada ni nadie pudiera hacerte daño. Parece como si no pasara el tiempo. Parece como que nada puede pasar. Te sientes seguro... a salvo...protegido... Y en cierto modo así es porque las madres parece que somos más valientes, más fuertes, .... más todo, cuando se trata de proteger y defender a nuestros hijos.
Lo mismo es en esos momentos en los que te sientes en el regazo del Padre, de Dios. Esos momentos en los que sientes que Él te sostiene y que no hay nada ni nadie que pueda hacerte daño. En los que te sientes protegido, a salvo.
Lo más grandioso de todo es que hay momentos en los que no sientes nada de eso y te sientes solo e incluso crees que Dios no esta ahí contigo, en tu lucha, en tu sufrimiento, en tu dolor... pero tenemos la promesa y lo sabemos que aunque no lo sintamos Él está ahí, a tu lado... y aunque no lo sientas, aunque no lo oigas, aunque no lo veas... Él esta ahí sujetandote en su regazo.

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